Diabetes

Las enfermedades son como sombras que te siguen a todos lados, a veces son más altas que uno mismo, y otras veces, ni siquiera notamos que están ahí.

No recuerdo bien cuando fue la primera vez que escuche la palabra diabetes. Se que la vi en el colegio con la profe Oriana, pero me parecía una enfermedad tan lejana en ese entonces.

Lo que si sabía de esa enfermedad, es que la gente que la padecía debía llevar una dieta especial por el asunto del azúcar. Así fue cuando mi abuelo materno fue diagnosticado. Por una lesión en la rodilla fue al médico, y una cosa llevó a la otra, y finalmente, la explicación. Desde hace unos años que mi abuelo tiene su dieta especial, y le regalamos chocolate

Todo parecía controlado, la dieta, el trabajo, la actividad física, los controles, los remedios. Pero la diabetes estaba atacando a mi abuelito por otro lado. Hace dos meses que le diagnosticaron un desprendimiento en la retina, en un ojo más avanzado que en el otro.

Mis abuelitos han visitado a varios médicos, y ya el diagnóstico es único, al parecer el ojo izquierdo estaría inoperable. Lo que quiere decir que perderá la visión, y que debe operarse cuanto antes el otro ojo.

Con tantas cosas dando vuelta, no había tenido la oportunidad de reflexionar seriamente en la situación. He actuado muy distante de ellos, porque creo que no tengo mucho que decir, y se más o menos lo que voy a escuchar. La verdad es que me parte el alma ver a mis abuelos tristes, porque los he visto así por otras razones. Sobre todo por ese amor incondicional que se tienen el uno al otro.

Se que comparado con otras personas, esta situación puede parecer insignificante, pero para mí es inevitable pensar en como te las arreglas si de pronto, una parte de tu cuerpo ya no quiere funcionar más. O simplemente se va. Yo estuve sin un ligamento por más de un año, y me las arregle a duras penas con los episodios de tristeza. Siento que al lado de lo que le esta pasando a mi abuelo, lo mio no era nada.

La próxima semana es navidad, y está demás decir que no será una navidad como las anteriores. No me queda más que armarme de valor, porque tarde o temprano, tengo que estar apoyando a mis abuelitos. Como cuando ellos me apoyaban cuando era pequeña. Recuerdo que cuando tenía 6 años me quedaba a veces en su casa, y mi abuelito Mingo hacia trucos de magia (que por mucho tiempo me creí, pero ahora se que eran mulas), y cuando tomábamos té juntábamos las migas del pan para hacer flores, o pelotitas. Los domingos en la mañana mi abuelito me hacia leer los cuentos que aparecían atrás en el Silabario. yo detestaba leer porque estaba en vacaciones, pero ahora que recuerdo, mi lectura se hizo fluida después de esas sesiones.

Mi trencito de madera, donde quiera va a correr.
No se cansa, ni descansa chu-cu, chu-cu por el riel.
Es de carga y es expreso, muy travieso por doquier.
Baja, sube y echa humo como nubes de algodón.
De repente, insolente echa nubes de carbón.
Se alborotan los caballos y las vacas al pasar.
¡Los boletos de primera!, ¡los boletos de tercera!
Y la gente de repente, se comienza a preparar.
La campana les avisa, que de prisa hay que bajar.
Y en mi sueño soy el dueño chu-cu chu-cu de este tren.

A veces uno se hecha morir, e ignora que uno puede ser fuerte y que salir adelante no cuesta nada, es cosa de querer. Cuando los problemas los consuman, y las cosas se vuelven inevitable, pueden leer un libro que se llama “Elegí vivir”.

Nota de aniversario

La semana pasada Anecdotario Público cumplió un año de existencia, por lo cual, es obligación escribir una nota.

Creo que haciendo un flash back, a esta misma fecha el año pasado ni me imaginaba todas las cosas que pasarían en este tiempo. Las buenas y las malas, y los innumerables aprendizajes de la universidad de la vida.

Ahora que me encuentro en el limbo, miro mis 22 años como cuando se mira Santiago desde la Virgen del Cerro San Cristóbal (que se debe mencionar, pues allí se formuló este proyecto). Al final de todo, el balance es positivo. A pesar de que estoy entre trabajando y entre vacaciones, me siento tan relajada, como si ya hubiese pasado lo peor ( y eso que ni idea de que se tratará mi examen de grado). Estoy feliz y tranquila, bueno casi, de lo contrario no estaría despierta escribiendo (además del resfriado que me tiene complicada para respirar).

Estoy pasando por tiempos de muchas despedidas y cierre de ciclos, la práctica, la u, el curso de francés (aunque este último no le hace el peso sentimental a los dos anteriores). Y en todas me he aguantado las lágrimas. Es un gran logro para mí no sucumbir a ellas, y reservarla para momentos de verdadera tristeza y frustración, que gracias a Dios fueron pocos en este año.

Revelare un misterio que mucha gente calla respecto a mi persona. Durante las 5 años que duro la carrera de pedagogía,  mucha gente se preguntó por qué no tengo pololo, y quiero que quede claro que a pesar de lo que muchos  sospechan, NO SOY LESBIANA. Y el estar sola no ha sido fácil, muchas veces he llorado, me he sentido fea, poca querida, o quizás única, y valiosa, o que la persona correcta no estaba en el lugar indicado,  quien sabe. Quizás recorrí un camino solitario en el término de las relaciones de pareja, pero me hice fuerte, o al menos eso creí.

Uno nunca sabe lo que tiene  hasta que lo pierde. Por eso, quiero dedicar esta entrada al hombre que sin duda aún sigue siendo el amor de mi vida. Si ud. que lee no es él, no siga leyendo por favor (que advertencia más estúpida en un blog):

Negrito, la vida es muy incierta, si supiéramos que nos depara podríamos pensar mejor las cosas antes de actuar. Si yo pudiera retroceder el tiempo, sin duda que sería por esos inolvidables momentos que compartimos (incluyendo cuando me saque la cresta en la plaza de mi casa, y tu te reíste 5 minutos antes de preguntarme si me dolió el porrazo).

Después de la última vez que te pedí disculpas por todas las cosas que finalmente definieron nuestra relación, te he tenido más presente cada día.  Me hubiese gustado esfumar a toda la gente que estaba en el cafe concert para poder abrazarte, porque sin duda, te extraño demasiado. La intensidad con la que me acuerdo de ti, es inversamente proporcional a la distancia que no separa, y como estas en Canadá, comprenderás que es mucho. Tanto así, que hace una semana por primera vez, después de tantos años te apareciste en un sueño.

Había mucha gente en mi casa, pero te recuerdo a ti y a mi papá. Estaba de cumpleaños y cuando iba a saludar a los invitados, tu aunque no me hablabas y no me mirabas dejabas que yo te llevara de la mano.

Que cursi, pero así fue, y no tengo idea de interpretación de sueños, el profesor de fenomenología no lo incluyó en el programa del curso (yo le dije que sería útil).

Christian, sólo me queda reiterarlo, mis disculpas públicas por los celos, los abandonos injustificados, los llantos, los gritos, la desconfianza, etc. Que triste seguir nombrando este tipo de cosas. Por otro lado, quería darte las gracias por tu apoyo, amor y cariño que en un tiempo pasado existió. No necesito mucho ahora que ya tengo mi conciencia en paz.

E. Villanueva

Santiago centro

El centro de Santiago es de lo más chistoso. En el paseo ahumada se pueden observar una variedad importante de tribus urbanas, manifestaciones teológicas e ideológicas, etc. El viernes después de la ayudantía de arquitectura, mi colega Adán me acercó al lado del Instituto Nacional, luego camine rumbo a una tienda de delantales donde adquirí un modelo manga corta (para lucir en este último y caluroso mes de práctica). Suelo caminar muchas veces desde el paseo Ahumada al Liceo, y suelo variar mis recorridos para no hacerlo rutinario, así que me metí por unos pasajes y aparecí mágicamente por la Plaza de Armas. Allí estaban algunos profesores gritando y saltando, juntándose para exigir el pago de la Deuda Histórica. Camine luego por Compañía de Jesús (más conocida simplemente como compañía). Pegaditos a la plaza estaban esperando ya el zorrillo y el guanaco de los pacos.

Una cuadra más allá se encuentra el Tribunal de Justicia. Supongo que por la visita de la Señora K. había un acto oficial de carabineros (llamados anteriormente en esta entrada como pacos). Ya ni se sentía los gritos de los profes, y como la calle estaba cerrada, y el buen chileno se queda sapeando, me costó un mundo pasar por el frene del tribunal. Camino dos cuadras más, y unas personas con gorros verdes se acercan con un lienzo marchando por la calle.  Eran los profesores de Isla de Maipo que habían fabricado viseras con cartulina para protegerse del sol. Como la calle estaba cerrada por el acto frente al Tribunal de Justicia, a estos profesores los tuvieron que desviar en su rumbo a Plaza de Armas (debo decir que, en esta oportunidad, los carabineros fueron amables con los profesores y les dijeron que podian marchar sin problemas por Huérfanos) .  Entrando al Liceo, unas 4 profesoras se preparaban para salir a protestar con sus afiches y pancartas, les dije que Compañía estaba cerrada, y les desee suerte.

 

E. Villanueva

 

Pensando en no pensar…

“Siendo estúpido serás feliz

El otro día me detuve a pensar que pensar es un cacho. La vida es más sencilla cuando no pensamos y sólo vamos y hacemos las cosas sin importarnos el que dirán, o si uno queda como un idiota o no.

Por ejemplo, el otro día estaba con la Dani en la sala de práctica del liceo, y estábamos hablando de uno de los practicantes de inglés que más parece alumno que estudiante. De partida, no usa delantal, y anda con ropa de calle, nos habla como si estuviéramos en un carrete y vive la vida. Yo le dije a la Dani “te das cuenta que él es más feliz que nosotras. No tiene preocupaciones, si le llaman la atención se disculpa y su vida sigue, en cambio nosotras somos unas amargadas, estamos pendientes del que dirán, de cumplir las normas, pensamos demasiado”.

Y es verdad, no crean que es por sobrarme, pero pienso mucho. Y en cosas en que el común de las personas no se detiene a analizar, y eso distorsiona la realidad. Como el otro día, cuando me subí al colectivo para llegar al metro. Desde el año pasado que tomo muy seguido colectivo, pero me detuve a pensar en lo que significa subirse al transporte público. De pronto, mi cerebro me dijo: “Eli, estás sentada en medio de este auto, con 4 desconocidos. Nadie habla, es realmente incómodo”. Luego al subirme al metro me di cuenta que es realmente incómodo estar apretada entre un montón de personas. Mi brazo toca el brazo de un desconocido, supongo que eso esta bien por que era una persona que nunca más en la vida iba a viajar apretada conmigo (como un ponceo loco, en el que ni siquiera te importa el nombre de la persona a la que te comiste, porque, de todas formas, a él tampoco le importa como seguirá tu vida después de esa noche), pero no es lo mismo si viajará con esa misma persona al lado todos los días, supongo que con el tiempo nos haríamos amigos.

El sábado después de francés me pasó un acontecimiento asqueroso. Y todo tiene que ver con esto de la pandemia por la influenza ABC1. Viajaba yo en el metro (si, lleno de desconocidos) y al lado mio se encontraba un caballero, de unos 50 años, de estos viejitos que tu los vez y sabes que es humilde. Bueno, el caballero comenzó a toser, y se tapo la boca con su mano, acto seguido, y yo sin darme cuenta, mi bufanda cayó al suelo justo al lado de él, y él de buena persona recogió mi bufanda con la misma mano que se tapó la boca para toser. Me tomo medio segundo gritarle “noooo, yo la … recogo”. Me dio tanto asco. Imagine miles de bichos reproduciéndose en mi bufanda, la doble y la deje sobre mi mochila. Entonces imagine los bichos colonizando mi mochila, y peleando con quizás cuantos bichos que portaba antes de que se contagiaran con la saliva del buen hombre. El resto del viaje, hasta que deposite mi bufanda en la bolsa de la ropa sucia, veía germenes por todas partes en que la bufanda hacia contacto.

Y entre otros sucesos, aprovecharé este momento de inspiración para contarles que mi celular se cayó al baño. En extrañas circunstancias (en realidad no, estaba en mi bolsillo, y como toda mujer, necesito bajar mis pantalones para poder hacer lo que todo el mundo hace el 90% de las veces que entra a un baño, y en ese momento resbaló el celular y cayó en la taza). Lo gracioso es que, ese día me la pase estudiando matemáticas con el Pablo, quien me dijo que me llamaría cuando tuviera una duda. El celular no revivió hasta el otro día, cuando le prendí tenía como 10 llamadas perdidas del Pablo. El celular revivió, excepto, que la tecla del cero no funciona, pero como se pensar, me las arreglo para marcar el número de todas formas. El Leo dice que mi celular paso de pertenecer a la escuela francesa.

Espero que no me manden al locólogo después de leer esta entrada.

E. Villanueva

Un día como hoy

1129695830_fUn día como hoy me subí a la micro como de costumbre. Me encontre con la Coti, mi vecina. Me baje en metro moneda, y como me subí por atrás, camine hasta la FAU para ahorrarme un pasaje. Firme mi asistencia. La secretaria de la FAU me dice que mi colega ayudante enfermó y que yo tendre que tomar a sus alumnos también. Voy a su sala a dejar un mensaje a sus ayudantados en la pizarra. Me encuentro con unos caballos de papel de diario con los que me saco unas fotos. Termina la ayudantía y me voy a Gómez Millas. Paso al Jumbo de la esquina a comprar mi sopa de fideos sabor queso para el almuerzo. Después de pagar paso por una tienda a mirar galletas, Termino comprando unas piñas en conserva para el postre, y un bombóm de chocolate, relleno con crema de leche que traía un mensaje que dice:

Yo me siento no se cómo
y mi mal es no sé qué
sanaré yo bien sé cuándo
si me cura quien yo sé

A veces la vida es sólo un montón de coincidencias y mensajes sugerentes…

E. Villanueva

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