Despedida alumnos de 4º medio

Me encontraba hace algunos días buscando un buen tema introductorio para poder dirigirme a ustedes ahora, y he decidido comenzar comentando sobre el tiempo. Nadie sabe cómo transcurre, sólo pasa. Nos planificamos de acuerdo a él, usamos calendarios, miramos la hora, también lo mencionamos cuando tenemos eventos o procesos que cumplir. Vivimos  tiempos de cambios. Sentimos que las horas se aceleran y a veces que transcurren muy lentamente. En un momento podríamos tener un montón de recuerdos pasando frente a nuestros ojos.

Hablamos mucho sobre el tiempo, pero no es fácil definirlo. Para los filósofos y científicos ha sido tarea difícil. Sabemos que el tiempo reemplaza el instante presente por uno nuevo. Hace pasar la realidad, porque si fuese la misma, este no existiría. Hasta principios del siglo XX el tiempo era absoluto, independiente de todo lo que hagamos, no podemos alterarlo. Pero con Albert Einstein, el concepto cambió, el dijo: “Nunca pienso en el futuro, llega enseguida”. Este científico revolucionó no solo la física, sino también la forma en que nos expresamos. Ahora hablamos de un tiempo relativo. En realidad no es que los segundos sean otros ahora, es nuestra percepción de ellos la que se modifica. Lo que intento explicarles es que, en un abrir y cerrar de ojos, parece que hubiese sido ayer cuando sus padres los llevaban a su primer día en el jardín y hoy los acompañan a su último día en este colegio.

Para mí también han pasado, raudamente, 7 años. No hace mucho me encontraba en este mismo lugar en mi calidad de alumna, despidiendo a mis compañeros de enseñanza media. Hoy me encuentro despidiendo a mi primera jefatura. No creo que sea necesario precisar que ustedes son muy importantes para mí. Estoy muy agradecida, porque siendo yo la docente, ustedes también me enseñaron. En el transcurso de estos dos años me descuadraron y terminé queriéndolos y apreciándolos tal cual son.

Al principio nos vimos como unos desconocidos, que incómodas primeras clases que tuvimos. Teníamos problemas para comunicarnos, pero al final logramos conciliar momentos que nos lograron dar unidad.

En lo personal, extrañaré a todos ustedes. Sólo por nombrar algunos, como a Nayib diciendo “hola maestra”, a Fabio y sus curiosas preguntas, a Valentina diciéndome que los humanistas son mejores, a Javier preguntando qué le voy a regalar para la licenciatura,  a Alejandra Lazo escondiéndose de mí y a Eduardo terminando en cinco minutos una guía de ejercicios.

Se que la mayoría de ustedes pretende seguir estudios superiores, así que déjenme contarles más o menos que es lo que pasa cuando uno egresa de este colegio. Aunque algunos se resistan, créanme que nos van a extrañar igual. Van a ver a sus ex compañeros y terminarán hablando probablemente de Trini, Marty y Gerardo. Se acordarán de las clases, y van a terminar de entender todo lo que no pudieron, y más encima lo van a encontrar fácil. En algún momento, haciendo un trabajo, verán lo útil que fue el proyecto. A veces, y no es que yo lo haya necesitado, pero se les va a ocurrir sugerir que podrían colocarles una nota por taller y contarán todo lo que no podían difundir de su gira de estudios. Ahora se sienten como los grandes de este colegio, pero en unos meses se sentirán los más pequeños e inexpertos.

No es sólo una etapa académica que cierran aquí. Detrás de la intención educativa, surge un entorno social, la amistad, las costumbres, la identidad que formamos al ser parte de este colegio, apoderados, padres, alumnos, profesores y funcionarios. Muchos egresados dicen mi “ex colegio”, pero los que egresamos de aquí siempre hablamos de “mi colegio”, porque sabemos que dejamos un poco de nosotros cuando nos vamos.

Espero que sea cual sea el camino que tomen en el futuro, siempre decidan de corazón, porque no hay peor decisión que aquella que no los convence totalmente, o la que adoptan por complacer a otras personas. Recuerden siempre aquellos momentos en que trabajaron por lograr un objetivo. Quizás las tareas fáciles son menos agotadoras e inmediatas, pero no son tan significativas ni  satisfactorias como las que requieren más sacrificio.

Cuídense a donde quiera que vayan, no se olviden de todo lo que construyeron aquí. En el tiempo, el pasado es lo único de lo que estamos seguros. El futuro es incierto, pero allí nos esperan nuestros sueños.

Me despido y a la vez les recuerdo que siempre serán bienvenidos, nunca dejen de emitir un mensaje, una pista de lo que han logrado, pues para nosotros también son un logro. Jamás nos dejaremos de sentir orgullosos de ustedes.

Muchas gracias.

 

E. Villanueva

La parada chica

Bueno, estoy a pocas horas de terminar mis vacaciones dieciocheras, las cuales las dedique a corregir pruebas, retirar mi título de torre 15, leer para la U, pintarme las uñas, jugar en mi PSP y por supuesto dormir.

El día 19 de septiembre me desligué de mi familia, y me fui al parque O’Higgins con un amigo (Cristian) y su polola (Tete). A diferencia del año que fuimos al parque, en donde tomamos chicha, comimos empanadas, perdimos dinero en el juego de las argollas y finalizamos en la calle ejercito viendo la parada militar de los picados, la “Parada chica”. En esa oportunidad, la gordis estaba de presi y la saludamos de lejos, con nuestras pequeñas manitos de hobits.

Pero este año algunas cosas cambiaron. De partida, llegué en metro al parque, y me demore 10 minutos en bajarme del tren y salir a la calle. Compre unas burbujas que contenían más agua que jabón. En vez de perder dinero en argollas, lo perdimos jugando lota. Cuando me dio hambre me compre un completo, y me lave las manos con jabón pero sin agua (y no era jabón gel).

Cuando llegó el momento de la parada chica (y con ello lo esperado toda la tarde que era hacerle un oyudo al presidente Piraña), resulta que  el desfile jamás fue por la calle ejercito, a pesar de que estaba con protecciones y con tránsito desviado, bueno, será no más.

Volvimos al parque, porque nos debíamos un terremoto. Finalmente, entre tanta competencia, elegimos el “Terremoto que mató a Elisa”. La cosa finalmente es que, estaba un poco desabrido, y al otro día tuve una caña del mal.

Nos leemos cuando tenga otro tiempo libre, adiós blog, adiós PSP

E. Villanueva

El día sin auto

Bueno, hoy era el día en el que se supone las personas no debían usar su auto, para colaborar con el medio ambiente, y esas cosas. Para mí, son todos los días así, porque no tengo auto, 1) porque sale muy caro, y 2) algún día haré un interesante post acerca de como obtuve mi licencia de manejar…. y desde ese día que no me subo al volante.

Como sea, hoy en la tarde me sentía pésimo, necesitaba compañía, necesitaba hecharle la foca a alguien. Así que decidí salir a andar en bici, hasta que las muñecas, las rodillas y el poto me dolieran.

Eli arriba de su bicicleta

Probé un camino alternativo, ya que con la construcción del metro a Maipú destruyeron la mitad de la ciclo vía de Pajaritos. Mi viaje fue muy apacible, y recordé que la última vez que salí a andar en bici me saque la cresta. Ese día acepte salir con un amigo que estaba detrás mio, y le conté lo mucho que detesto a la gente que cree que tiene ruedas en vez de piernas y las usan para ocupar la ciclo vía, o los autos que se creen los dueños de la calle.  La cosa es que, como yo andaba con otro tipo en ese tiempo, no tenía interés de tener una relación con otra persona más, así que con la Cami habíamos ideado la famosa y ya reconocida OPERACIÓN MOCO. El plan era perfecto, en medio de la cita me sacaba un moco, y si me daba el cuero hasta me lo iba a comer. Después pensándolo bien, no era un buen plan. Así que decidí no llevar a cabo la operación, pero fortuitamente, por tratar de darle la pasada a un viejo que venía detrás de nosotros, me saque la mugre con la cuneta (para variar). La cosa es que el muchacho desistió porque fui un tanto apática con él después, y además el otro imbécil me dejó botada, y aquí estoy, más sola que un dedo, otra vez.

Bueno, hoy me siento realizada, porque logre despejarme y logre subir en la bici el puente de las golondrinas, cosa que antes hacia a pata con la bici al lado. Debo volver a corregir un montón de pruebas, y más encima, ya nos mandaron el “dosier de lecturas” para el magister.  Nos leemos en otra oportunidad.

E. Villanueva

PS: Feliz bicentenario atrasado a todos!

Mi re adolescencia

He decidido hacer una nueva publicación para constatar los último sucesos, desde que abril.

Terminó una relación carente de contacto físico, pero de alto contenido emocional, y pase a otra totalmente inversa. Y el  episodio del fin de semana a repercutido con más impacto en mi, pues ya no se que hacer conmigo. Siento que he llevado mi vida a tontas y a locas, a tal punto que he dejado de lado mi amor propio. No encuentro un balance entre lo que tenía antes y lo que “tengo” ahora, y no me siento feliz tampoco, por que el efecto es momentáneo.

Mi semana es como una montaña rusa. El peack de felicidad está en los viernes. La mañana se pasa volando sabiendo lo que me espera durante la noche. A veces se prolonga los sábados, depende de cuanto tiempo me quedo fuera de mi casa. Los domingos y los lunes son totalmente nefastos. Es como una adicción a las drogas. La desintoxicación se disipa poco a poco hasta el jueves en la noche, con una semana ocupada estudiando y trabajando, y vuelta otra vez.

Ayer necesitaba fumar, y como una adolescente lo hago a escondidas. Miraba por la ventana a las casas de los vecinos, el frío y los restos del recuerdo de mi cumpleaños me tenían especialmente melancólica. Pensaba en esas casas que se inundaron hace 8 años, y pensé que quizás sus propietarios le temían a la lluvia. Yo le tengo miedo a la soledad.

Confesiones

Cosas simples, pero que no saben de mí:

El año pasado estuve suscrita a Cosmopolitan.

Rezo todas las noches, no importa la hora a la que me acueste, ni dónde, ni con quién.

Tengo una gran tele en mi pieza, pero paso más tiempo frente al pc trabajando, que cuando estoy en mi pieza en realidad ni tiempo me queda para verla y termino haciendo otras cosas, como leer, ordenar mi bolso y acostarme.

Me gusta Hanna Montanna, he visto la película 3 veces.

Antes mis piernas me acomplejaban un montón, por lo que hace dos años me compre el “Celuless” por antena 3 directo, es ruidoso y complicado de usar, así que desistí , ahora esta guardado es su caja, y posiblemente se ponga en venta.

Aún conservo la malla curricular de mi carrera pegada en la puerta de mi closet con los ramos marcados a medida que los  pasaba.

La mesita con ruedas de mi pieza la compró una amiga por mi cuando estuve de vuelta en mi casa después de mi operación.

Cuando estaba en el colegio mi papá no me daba mucha mesada, así que para tener más dinero vendía en los recreos dulces, lápices, pinches, incluso hacia manualidades como collares, pulseras, aros y flores de goma eva.

Hay un espejo de 1,5m de altura detrás de mi puerta.

Entre mis cortinas cuelga un cristal que me regaló un vendedor de Feng-shui de la plaza de Maipú.

Me leí todos los libros de Harry Potter, y lloré cuando se murió Sirius Black.

E. Villanueva

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